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Guía práctica

Cómo cambiar el alimento
sin que le caiga mal

La mayoría de los problemas que se le atribuyen a un alimento nuevo son, en realidad, problemas de cómo se hizo el cambio.

The Best · 4 min de lectura

El cambio gradual le da tiempo a la microbiota intestinal a adaptarse.

Cambiar de alimento de un día para otro es la forma más rápida de que una fórmula buena parezca mala. La microbiota intestinal se adapta a lo que recibe con regularidad; cuando todo cambia de golpe, el desorden digestivo que aparece dice más del método que del producto.

La transición gradual resuelve casi todo, y no es complicada.

La transición, día por día

La pauta habitual es de siete a diez días, mezclando el alimento nuevo con el anterior en proporciones que se van invirtiendo:

En animales de estómago sensible, en cachorros o en gatos —que suelen ser más exigentes con los cambios— conviene estirar cada etapa y llegar a diez o doce días. No hay premio por apurarse.

Si aparecen molestias, se retrocede un paso y se mantiene ahí unos días. No se vuelve al principio.

Qué mirar mientras dura

Errores que se repiten

Mezclar sin medir

«Un poco de cada uno» no es una proporción. Pesar o usar siempre la misma medida es lo que hace que la transición funcione.

Cambiar dos cosas a la vez

Alimento nuevo y snack nuevo la misma semana hace imposible saber cuál causó qué. Un cambio por vez.

Aumentar la ración «porque es mejor»

Un alimento más denso en energía no se da en la misma cantidad que uno menos denso. La energía metabolizable de cada fórmula está publicada en su ficha técnica; la ración la ajusta el veterinario según peso, edad y actividad.

Si vienes de un alimento con otra base proteica

Cuando el cambio implica además pasar de una proteína a otra —de pollo a cerdo o pescado, por ejemplo— la transición gradual importa todavía más. Dale los diez días completos y observa con calma.

Y una vez terminada la transición, la evaluación real toma unas cuatro semanas: es el plazo en que empiezan a verse el pelaje, la digestión y el peso.

El bienestar no se promete:
se ve

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